sábado, 20 de febrero de 2016

El Sueño de Ingres

Sabe Dios que Jean Auguste Dominique Ingres no es santo de mi devoción, y que la exposición que permanecerá en el Prado hasta el 27 de marzo sobre su obra me ha dejado más frío que maravillado. Sin embargo, hay dos cuadros que merecen mi admiración. Uno recibe el título de "Edipo y la Esfinge", representando el momento en el que el héroe Edipo resuelve el enigma que le propone la criatura, evitando así su muerte. El otro cuadro es "El Sueño de Ossián". 


Ingres es conocido principalmente por sus retratos. Y es cierto, fue uno de los mejores retratistas de su época. Pero él quería hacer pintura histórica, cantos de las grandes glorias del pasado. Quería ser otro Delacroix, pero nunca lo consiguió. Por eso, cuando recibió la admiración y el apoyo de Napoleón Bonaparte, vio su gran oportunidad. Estaba claro que Napoleón pasaría a la historia como uno de los grandes, e Ingres quería dejar constancia de ello. Por ese motivo, Ingres diseñó este cuadro y su pareja "Rómulo, conquistador de Acrón" para renovar la decoración del Palacio del Quirinal, en Roma, cuando Napoleón regresara triunfal de su campaña en Rusia para sustituir al Papa en su residencia. El triunfo nunca tuvo lugar y Napoleón perdió gran parte de su ejército en las heladas campiñas rusas. Ingres había elegido para Napoleón dos pasajes de sus lecturas favoritas: las Vidas, de Plutarco; y las poesías épicas del bardo Ossián.

Más tarde se demostró que la poesía mitológica de Ossián era un fraude, una recopilación moderna que pretendía hacer pasar las canciones por medievales. Sin embargo, esto no merma la validez del lienzo. Su ubicación debía ser el dormitorio imperial, por lo que el tema del sueño parece muy apropiado. Lo que no parece tan adecuado es el tratamiento de la estética. Ossián aparece reclinado, dormido con la cabeza oculta, su perro a los pies, apoyado en su lira. En el sueño se le aparecen todos los personajes cuyas hazañas más tarde cantará. Los personajes son de un aspecto marmóreo, que Ingres indudablemente trataba de relacionar con la estatuaria clásica. Sin embargo, a pesar del esfuerzo del artista francés por ensalzar la gloria neoclásica de las grandes leyendas del pasado, para un espectador moderno esta pintura deja un sentimiento inquietante por su aspecto alucinatorio, con unos seres fantasmales que parecen congelados en el tiempo... en definitiva, una composición estética mucho más cerca del surrealismo.    

martes, 9 de febrero de 2016

El Santo Grial, en Valencia

Lamento el retraso con el que publico esta entrada. Este fin de semana he estado en Valencia y la falta de tiempo y recursos informáticos - léase ordenador y wifi - me ha impedido acudir puntual a la cita. Pero a cambio os traigo una entrada muy interesante acerca de algo que se conserva en la ciudad levantina: el Santo Grial.

El Santo Grial mide 17 centímetros. Su copa tallada en un gran trozo de ágata, tiene 9 cm. de diámetro y su pie, de forma elíptica, 14 x 16. Todo lo demás del Santo Cáliz: fuste con su nudo, sus asas laterales y la montura de la base es oro finamente nielado. En la montura de la base lleva engastadas 26 perlas del tamaño de guisantes, dos balaxes y dos esmeraldas.

El Santo Grial de Valencia, custodiado en la Catedral

Del Cenáculo de Jerusalén fue llevado a Roma por San Pedro y su discípulo San Marcos, a cuya familia, según toda la Tradición antigua, pertenecía la casa en la que Jesús celebró la Última Cena. En Roma sirvió de Cáliz Papal: con él dijeron misa los pontífices hasta el San Sixto II. No faltan quienes creen ver una prueba en el Canon Misae, que como se sabe, es el antiguo Canon papal. Al tomar los Papas el cáliz para la consagración del vino, decían:

"Y tomando (el Señor) este Cáliz, en sus santas y venerables manos (...)"

Luego creían que estaban consagrando en el mismo cáliz de la Última Cena. Durante la persecución del emperador Valeriano, uno de cuyos fines era apoderarse de los bienes de la Iglesia - que en aquellos años eran pocos -, San Lorenzo, Primer Diácono o Administrador de la Iglesia de Roma, distribuyó todo a los pobres a excepción del cáliz. Para salvarlo de la rapacidad de los perseguidores lo envió a su tierra natal, Huesca, con una carta suya tres días antes de sufrir su martirio. En Huesca el cáliz estuvo hasta el 713, año en que el obispo y los cristianos tuvieron que refugiarse en los Pirineos, huyendo de la invasión de los sarracenos. El cáliz pasó sucesivamente por Yebra, Siresa, Santa María de Sasabe (hoy San Adrián) y Bailo. Ramiro I edificó la Catedral de Jaca, la más antigua de las existentes en España y la más suntuosa de aquel entonces, a lo que parece, para sede del Grial. Allí debía haber estado, pero en 1071 fue llevado al monasterio de San Juan de la Peña, con motivo de la adopción de la liturgia romana en Aragón.

Monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca (Huesca)

En el monasterio de San Juan de la Peña estuvo hasta el 26 de diciembre de 1399, en que el rey aragonés Martín el Humano, apoyado por el papa Benedicto XIII y San Vicente Ferrer, consiguió llevárselo a su Oratorio del Palacio Real de la Aljafería de Zaragoza, dando a los monjes de San Juan una réplica fiel y preciosa, a modo de cierta compensación. Esta réplica es la que aún se conserva en el monasterio. Al morir Martín el Humano, en septiembre de 1410 lo encontramos en el inventario de sus bienes en Barcelona. El segundo sucesor del monarca, Alfonso V el Magnánimo fue quien lo trasladó a su Palacio Real de Valencia hacia 1424. A la Catedral le fue entregado el 14 de marzo de 1437 por su hermano y lugarteniente Don Juan, rey de Navarra, según consta en el volumen 3.532 fol. 36v-37v del Archivo Catedralicio.

De la Catedral de Valencia tuvo que salir dos veces: una cuando la Guerra de la Independencia (Marzo 1809 - Septiembre 1813), en que peregrinó por Alicante, Ibiza y Palma de Mallorca, huyendo de una posible depredación por parte de los invasores y otra cuando el Alzamiento Nacional (Julio 1936 - Julio 1939) en que estuvo escondido en la ciudad y en la villa de Carlet, salvándose así de la destrucción o la desaparición.

Hoy se halla en la capilla más hermosa de la Catedral de Valencia recibiendo un culto, que cada día va en aumento y cuyos fulgores universales ya se presienten.

 
Catedral de Valencia

Interior de la Catedral

Capilla del Santo Grial

sábado, 23 de enero de 2016

El Fruto del Infierno: María & Perséfone

        Con motivo de la adquisición por parte del Museo del Prado de la obra de Fra Angelico que ha recibido por título "La Virgen de la Granada", he decidido dedicar esta entrada a su breve comentario. Pero no en el aspecto formal ni estilístico, pues ya sabéis que esos asuntos me interesan menos y, por lo tanto, sé menos. Si deseáis una descripción detallada de la obra es mejor que consultéis la página web del propio Prado, porque aquí vamos a hacer un análisis distinto. Se conoce a esta obra como "La Virgen de la Granada", de manera que voy a centrar mi análisis en un elemento muy concreto: la granada.


         ¿Qué representa la granada, sostenida por la Virgen María y donde el Niño Jesús introduce su mano? Como bien dice el título, la granada es el fruto del Infierno. Pero no nos adelantemos. Porque la granada, como todo, tiene su historia. Desde hace al menos 5.000 años que en Asia occidental y el Norte de África se cultiva la granada. También se la veía en los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las Maravillas del Mundo Antiguo. Los egipcios preparaban con su jugo un vino ligero con sabor a frambuesa que utilizaban en algunos ritos de iniciación de los templos de Edfú y Karnak; mientras que en Grecia, Hipócrates, considerado el primer médico de la Historia, vemos que recomendaba el jugo de granada contra la fiebre y como protección contra la enfermedad.

        Según la mitología griega, el primer granado fue plantado por Afrodita, la diosa del amor, la belleza femenina y la sexualidad. De esta manera, el primer significado que recibe la granada es la de fruta de la pasión. Sin embargo, el relato más conocido de la granada es el de Perséfone, la hija de la diosa Deméter, deidad de la Tierra. Los famosos Misterios de Eleusis giraban en torno a este mito de la doble Magna Mater. De acuerdo con el mito, Perséfone se encontraba un día recogiendo flores junto a unas ninfas en un campo de Enna cuando apareció su tío, Hades, dios del Inframundo; emergiendo de una grieta en el suelo. Enamorado de ella y sabiéndose no correspondido, Hades secuestró a Perséfone y se la llevó con él al interior de la Tierra. 

  G.L. Bernini - Ratto di Proserpina
"El Rapto de Proserpina", de Gianlorenzo Bernini.
Galleria Borghese, en Roma.

                 Las ninfas fueron castigadas por no haber intervenido, siendo transformadas en sirenas. La vida quedó paralizada mientras la desolada Deméter buscaba por todas partes a su hija perdida. Hécate, diosa de las tierras salvajes y de los partos, había oído sus gritos y sugirió a Deméter hablar con Helios, dios del sol, que todo lo ve, para que le contase lo que había pasado. Finalmente, Zeus no pudo aguantar más la agonía de la Tierra (en parte porque los humanos morían de hambre y sed y no podían ofrecer los sacrificios pertinentes a los dioses) y obligó a Hades a devolver a Perséfone, enviando a Hermes a rescatarla. Pero Hades, fingiendo arrepentimiento y como gesto de buena voluntad, le ofreció a su sobrina un fruto del Infierno: la granada. Perséfone comió, inconsciente de que quien probase un bocado de las frutas del Infierno se vería obligado a permanecer en él. Sin embargo, Hades no quería tener problemas con su hermano Zeus, por lo que llegó a un acuerdo con Deméter: durante seis meses, la joven diosa subiría a la tierra con su madre, y los otros seis meses los pasaría junto a Hades como reina del Inframundo. Cuando Deméter y su hija estaban juntas, la alegría de la primera hacía que la tierra floreciera de vegetación. Pero durante seis meses al año, cuando Perséfone volvía a los infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un erial estéril. Perséfone se convirtió de esta manera en la terrible Reina de los Infiernos, con la granada como atributo, como recuerdo del fruto que marcó su destino.


           ¿Tienen relación la diosa Perséfone con la virgen María? Podéis investigar si es así, pero para los cristianos, el simbolismo de la granada es algo diferente. Para ellos, al igual que para los sufíes, la granada es un símbolo perfecto de la indiscutible y absoluta unidad de la existencia: la unidad del ser. La multiplicidad de sus semillas contenidas en la unidad del fruto. Como dice el viejo proverbio de los alquimistas, Uno es Todo y Todo es Uno. Dime, lector, ¿sabes ver la correlación de esta máxima con la imagen de la Virgen María?   


lunes, 11 de enero de 2016

Grandes desconocidos: Da Cortona

En esta primera entrada después de las fiestas me parece acertado presentar al gran público una Natividad. Pero no es una cualquiera. Hablo de "La Natividad", de Pietro da Cortona.

Esta pintura, fechada hacia 1658, fue un regalo para Felipe IV que le hizo el cardenal Francesco Barberini, sobrino del pontífice Urbano VIII (gran amigo y protector de personalidades como Galileo Galilei o Gianlorenzo Bernini). Tras la muerte del papa, que era conocido por sus tendencias anti-españolas, sube al trono de Pedro el filo-español Inocencio X. Gracias a esto, Felipe IV ordena la confiscación de las rentas eclesiásticas de las que Barberini gozaba en España e Italia. La reconciliación entre ambos se produjo en 1659, en parte como consecuencia de los regalos que el cardenal envió a Madrid. Entre ellos se encontraba esta pintura, cuyo soporte está formado por cuarenta y tres pequeñas placas de venturina y tres de pizarra.

La venturina, denominada así porque su producción dependía principalmente de la suerte o ventura, es una pasta de vidrio que imita los efectos de la piedra procedente de la India y Rusia a la que da nombre. Se comenzó a elaborar a principios del siglo VII en la ciudad veneciana de Murano, añadiendo óxido de cobre a la pasta de vidrio transparente. Así se conseguían característicos vidrios de intensidad variable, que Pietro da Cortona (1597-1669) aprovechó para evocar el cielo estrellado. El Museo Nacional del Prado no incluye esta pieza en su catálogo de obras maestras (cosa comprensible, ya que hay muchas otras que la superan en muchos aspectos), pero es una obra admirable y que da a conocer el significado de la belleza nada más se contempla. Tanto es así que, hasta el año 2009, "La Natividad" de Da Cortona estuvo en las salas del Tesoro del Delfín. 

jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Feliz? Navidad

Antes que nada desear a los lectores unas, si no felices, al menos agradables fiestas. La entrada de hoy está estrechamente relacionada con estos días de Navidad. Y aunque me salga un poco de la temática del Museo del Prado, me va a permitir el lector tomarme esta pequeña licencia. En esta entrada vamos a hablar de dos temas. Empecemos por el origen de la Navidad.

El cristianismo, como cualquier otra religión, no tiene nada de original. Por ejemplo, los famosos halos de santidad que aparecen en las representaciones de los santos fueron tomados prestados de la religión egipcia, que adoraba al sol: los halos de santidad son en realidad discos solares. Ahora bien, ¿qué se celebra el veinticinco de diciembre? Todos dirán que Navidad, la natividad, el nacimiento de Jesucristo. Pero, según la propia Biblia, Jesús nació en marzo. ¿Qué hacemos celebrando su nacimiento a finales de diciembre? El veinticinco de diciembre, lector, es la antigua fiesta pagana del Sol Invictus, el Sol Invencible, que coincide con el solsticio de invierno. Esa época maravillosa en la que el sol regresa y los días comienzan a alargarse. Con el fin de conquistar religiones, a menudo se adaptan festividades existentes para que la conversión sea menos traumática. Se llama "transmutación religiosa". Ayuda a la gente a acostumbrarse a la nueva fe. Los creyentes mantienen las mismas fechas sagradas, rezan en los mismos lugares sagrados, utilizan una simbología similar... y se limitan a sustituir a un dios por otro. En este caso, la fiesta del veinticinco de diciembre del Sol Invictus (a quien se identificaba en la antigua Roma con los dioses Mitra, El Gabal o Helios) se transmutó en la fiesta de celebración del nacimiento de Jesús, en sustitución del dios Sol / Helios, declarada única divinidad oficial del Imperio durante el gobierno de Juliano el Apóstata. De esta manera, 300 años después de la vida, muerte y "resurrección" de Jesús, el emperador Constantino aceptaba la celebración de la fiesta de la Navidad en honor de Jesucristo, fiesta que aparece por primera vez en un calendario romano en el siglo V d.C.

  

El Dios Sol, identificado como Mitra, como Sol Invictus. 
Debajo de él, su sucesor divino Jesucristo


El segundo y último tema de esta entrada está dedicado a un personaje que a algunos lectores les puede resultar recientemente familiar. Se trata de la figura de Krampus. El 8 de diciembre de 2015 se estrenó en España la película Krampus. Maldita Navidad en la que se rescata del olvido a este personaje. Pero, ¿quién es realmente Krampus?

Krampus es un personaje del folklore de los países alpinos. Según la leyenda, esta criatura (representada iconográficamente con apariencia demoníaca) castiga a los niños malos en temporada de Navidad, en contraste de San Nicolás (Santa Claus / Papá Noel) quien premia a los niños buenos con regalos. Se dice que Krampus aparece para dar tremendas palizas con una rama de abeto a los niños malos, mientras que a los niños especialmente traviesos los mete en un enorme saco que carga siempre a su espalda y se los lleva para no devolverlos jamás. Leyendas posteriores afirman que estos niños son llevados al Infierno por toda la eternidad o devorados por el propio Krampus. En la película Krampus. Maldita Navidad se le presenta como un espíritu maligno más antiguo que Santa Claus, e incluso como su sombra. Lo cierto es que la leyenda alpina original dice que aparece el 5 de diciembre merodeando por las calles en lo que se conoce como Krampusnacht, ya sea solo o junto a San Nicolás, haciendo sonar cadenas oxidadas y campanas para asustar a los niños y recordar a los malos que en veinte días Krampus irá a por ellos. San Nicolás y Krampus son las dos caras de la misma moneda. Y en la actualidad es frecuente (sobre todo en Alemania) el enviar postales de felicitación a los familiares con ilustraciones y la frase que os deseo y comparto con vosotros: ¡Felices fiestas de parte de Krampus!

sábado, 14 de noviembre de 2015

Entre Reyes y Odaliscas: un acercamiento a Ingres

El día 24 de Noviembre abrirá sus puertas al público la exposición del Museo del Prado sobre Jean-Auguste-Dominique Ingres, más conocido simplemente como Ingres. Como lo prometido es deuda, en la entrada de este fin de semana hablamos un poco sobre la vida y milagros de este pintor francés del siglo XIX.

Ingres, Self-portrait.jpg
"Autorretrato", a los 24 años

Ingres no es, en sentido estricto, ni neoclásico ni académico; sino un firme defensor del dibujo. Resulta al mismo tiempo clásico, romántico y realista. Si el siglo XIX se caracteriza por algo en el terreno social, es por el nacimiento del romanticismo. E Ingres es un romántico de manual en cuanto a los temas y colores que gusta representar. Algunas de sus obras se enmarcan en el llamado "Estilo trovador", inspirándose en el ideal griego y gótico además de en las miniaturas de los Libros de Horas de Fouquet. Vemos, pues, que Ingres es romántico en el sentido de erudito, conocer de distintas ramas del saber humano respecto a las Humanidades. Se interesa por la arqueología, la cultura clásica, el mundo oriental (los tiempos pasados) así como con ciencias y artes del medievo y Renacimiento. Los románticos del siglo XIX temen que todo el misterio y magnificencia de la Humanidad haya quedado en manos de la diosa Razón, tan ardientemente defendida en el siglo anterior, el Siglo de las Luces, la Ilustración. De esta manera Ingres también se siente atraído por lo exótico, siendo conocido especialmente por el orientalismo que desprenden sus desnudos femeninos: las odaliscas.

"La gran Odalisca", conservada en el Museo del Louvre (París)

Tenemos la inmensa suerte de que el Museo parisino ha accedido a prestarnos este cuadro, probablemente el más conocido del pintor, de manera que podremos verlo expuesto en las salas del Prado desde el 24 de Noviembre. 

No quiero abrumar al lector con datos biográficos en exceso de Ingres. Baste decir que su padre, Jean Marie Joseph Ingres, un escultor mediocre; supo ver en seguida en su hijo el talento pictórico que poseía y rápidamente favoreció sus aspiraciones artísticas. Ingres se formó en Toulouse (1791), París (1796) y Roma (1806), donde descubrió a Rafael y el Quattrocento italiano que marcarían definitivamente su estilo. Ahí es donde desarrollará la mayor parte de su producción. Está en el cenit de su arte, y sin embargo sus cuadros no son bien acogidos en Francia debido a que el gusto de los franceses en esa época era muy diferente al que practicaba Ingres. Sus obras reciben duras críticas en Francia, por lo que el pintor decidió quedarse en Roma. 

La posterior caída de Napoleón y las dificultades económicas y familiares (Ingres se había casado en 1813 con Madelaine Chapelle) significan para el pintor un período bastante mísero en el que pinta con desgana todo lo que le encargan. También trabajó durante un tiempo en Florencia hasta que, en 1841, debido al éxito que tuvo en Francia un cuadro suyo encargado por un cardenal francés; le abre las puertas de París. En la capital gala es acogido como un héroe y le encargan ni más ni menos que la decoración de las vidrieras de la catedral de Nôtre Dame. Cinco años después expone en la Galería de Bellas Artes por primera vez, donde es nombrado Miembro de Honor de la Comisión junto con Delacroix. Pero en 1849 presenta su dimisón con motivo de la muerte de su esposa.

En el último periodo, debido a una enfermedad que le afectó a los ojos, Ingres se vio obligado a valerse de algunos de sus colaboradores para ultimar la parte secundaria de muchas de sus obras, en las que buscaba una perfección absoluta de las formas. Ingres se casó por segunda vez, con Delphine Ramel, y fue nombrado Senador. Fue en esta época cuando se dedicó casi exclusivamente a realizar una galería de retratos, que constituye un testimonio muy valiosa de la sociedad burguesa de su tiempo, del espíritu y las costumbres de una clase social a la que él pertenecía y que sabía dónde estaban sus virtudes y sus límites. Ingres murió a los 87 años, y está enterrado en el Cementerio de Père Lachaise, en París. La ciudad de Montauban le dedicó un museo instalado en el que fue su taller. 

Aún no sé qué obras podremos admirar en la exposición de Ingres en el Prado, así que dejo aquí algunas de las más representativas para que vayáis abriendo boca:

"El Baño Turco"

"Napoleón en su trono imperial"

"Louise de Broglie, condesa de Haussonville"

"Júpiter y Tetis"

"Edipo y la Esfinge"

"Odalisca con esclava"

Por supuesto, y como en todas las Exposiciones Temporales, también aquí BIANOR TOURS hará visitas guiadas por la exposición dedicada a uno de los mejores pintores franceses del siglo XIX. ¿Te lo vas a perder?

 TLF. 609988206 / E-MAIL: bianortours@gmail.com 

TWITTER: @BianorTours / WEB: www.bianortours.es   

domingo, 8 de noviembre de 2015

Feliz cumpleaños, Museo del Louvre

Un 8 de Noviembre de 1793 el Museo del Louvre abría sus puertas al público en París.Se convertía de esta manera en el museo más antiguo de Europa, consagrado al arte anterior al impresionismo, tanto bellas artes como arqueología y artes decorativas. Ubicado en el antiguo Palacio Real del Louvre, es uno de los museos más importantes del mundo y en BIANOR TOURS queremos hacerle un pequeño homenaje en la celebración de sus 222 años de historia.



Actualmente promueve dos subsedes, en Lens (Francia) y en Abu Dabi (Emiratos Árabes). Sus extensas colecciones son el resultado de un doble esfuerzo histórico. Al coleccionismo desarrollado por la monarquía francesa a lo largo de los siglos hay que sumarle el esfuerzo de los hombres de la Ilustración, la labor desamortizadora de la Revolución Francesa y las campañas arqueológicas y compras impulsadas durante todo el siglo XIX. La apertura del Louvre en 1793 significó, dentro de la historia de los museos, el traspaso de las colecciones privadas de las clases dirigentes (monarquía, aristocracia e Iglesia) a galerías de propiedad pública para el disfrute conjunto de la sociedad. Por ello el Louvre constituyó el precedente de todos los grandes museos nacionales europeos y norteamericanos, y de hecho fue el modelo para muchos de ellos, como nuestro querido Museo del Prado, que fue el segundo del mundo que abrió sus puertas al público. Actualmente el Museo del Louvre es el más visitado del mundo, muy famoso por sus obras maestras, siendo especialmente famosa "La Gioconda" de Leonardo Da Vinci.

  

En sus colecciones podemos encontrar antigüedades orientales, egipcias, griegas, etruscas, romanas, artes del Islam, esculturas, objetos de arte, pinturas y artes gráficas. En total suman 35.000 obras en exposición, pero los fondos del museo ascienden a 445.000 obras. Como curiosidad, decir que las salas dedicadas al arte islámico cuentan con el patrocinio y la manutención económica de países y magnates islámicos, deseosos de favorecer la difusión de su cultura en Europa. Gracias a atractivo de sus ricas colecciones y al turismo que fluye anualmente a París, el Louvre se mantiene entre los museos más visitados del mundo; a lo largo de un año recibe de media 8,5 millones de visitas frente a la media de 3 millones del Prado. Las colecciones del Louvre tienen diversos orígenes, de la misma manera que el Prado:

 - Las colecciones reales. Los monarcas franceses mostraron, ya desde el siglo XIV, afición por adquirir obras de arte debiendo destacarse la labor de Francisco I, quien protegió a Leonardo Da Vinci en su palacio en sus últimos años. Con todo, la colección real era relativamente pequeña hasta que Luis XIV adquirió las colecciones del banquero Jabach y del cardenal Mazarino. Luis XV adquirió la colección del príncipe de Carignan y Luis XVI, cuadros de las escuelas flamenca y holandesa. Antes de que le cortasen la cabeza, lógicamente.

- La Revolución Francesa significó la obtención de obras de arte para el Estado por diversos caminos: la supresión de las órdenes monásticas, la desafectación de las Iglesias y el abandono de bienes por la nobleza huida. También, entre 1794 y 1795 llegaron obras requisadas por el ejército revolucionario de Bélgica y Holanda.

-Las guerras napoleónicas significaron un notable crecimiento de las colecciones del Louvre, rebautizado como Museo Napoleón, pues los ejércitos requisaron obras en varios países invadidos (como España). Muchas de estas obras tuvieron que devolverse al caer el régimen napoleónico, pero algunas muy importantes quedaron en el Louvre como "Las bodas de Caná" de Veronés. En 1801 la firma del Concordato obligó al Louvre a devolver a las iglesias el arte religioso.

-Durante los siglos XIX y XX, la colección se incrementó mediante donaciones de coleccionistas privados, así como por una política de adquisiciones que se ha centrado sobre todo en la escuela francesa, que estaba representada de manera incompleta de acuerdo al gusto de los sucesivos reyes. Muchas obras medievales, del rococó y del romanticismo llegaron poco antes de 1900. El fondo de pintura medieval italiana creció sustancialmente gracias a que Napoleón III compró la Colección Campana, propiedad del financiero italiano del mismo apellido. Parte de ella se encuentra en el Petit Palais de Aviñón. Entre las donaciones, cabe destacar dos legados: el del difunto coleccionista Louis La Caze, que aportó en 1869 la "Betsabé" de Rembrandt y "El patizambo" de José de Ribera; y en 1935 el legado del barón Edmond de Rothschild (1845-1934), con más de 40.000 grabados, casi 3.000 dibujos y 500 libros ilustrados. En fecha reciente, el diseñador Yves Saint Laurent legó un importante retrato de Goya al Louvre.

De acuerdo a una ordenación cronológica de las colecciones nacionales, el Louvre muestra obras de arte anteriores a 1848. Casi todas las obras del siglo XIX avanzado, desde el realismo (Courbet) hasta el impresionismo y Toulouse-Lautrec fueron transferidas al Museo d'Orsay, y el arte moderno y contemporáneo se exhibe en el Centro Pompidou.


Obras destacadas       

"Autorretrato", de Alberto Durero (1493)

"La Virgen, el Niño y santa Ana", 
de Leonardo da Vinci

"Las bodas de Caná", de Veronés

"Betsabé en el baño", de Rembrandt

"Victoria alada de Samotracia"

"Eros & Psique", de Antonio Canova

"Et in Arcadia Ego", de Nicolas Poussin

"La Libertad guiando al pueblo", de Eugène Delacroix

Queda así reflejado nuestras felicitaciones al Museo del Louvre en su 222º cumpleaños. Pero esta entrada no es sólo para conmemorar tanta historia ni tanto arte. También es para recordar a los lectores que el próximo 19 de Noviembre nuestro Museo del Prado también estará de cumpleaños. En el Aniversario del Prado de este año nuestro museo cumplirá 196 años, desde aquel lejano 1819 que abrió sus puertas al público por primera vez. Así que si el lector no suele ir al museo porque considera que es muy caro, está de enhorabuena: el acceso a la Colección del museo será gratuita durante todo el día. ¿A qué espera?

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